lunes, 29 de marzo de 2010

El pánico a la hoja en blanco sólo se cura escribiendo la primera palabra

Tras meses y meses de pánico a la página en blanco… por algún sitio hay que empezar (y el insomnio es buen amigo para estas cosas)

Soledad

Soledad es mi mejor amiga y mi peor enemiga. Le gusta vestir de verde o morado, pasear los días en que hace frío pero el cielo está muy azul, quedarse remoloneando entre las sábanas los domingo por la mañana y dormir la siesta.
Ella es mi hermana gemela: nacimos juntas y nunca va existir posibilidad de separación, nos une un lazo invisible e irrompible, un cable que transvasa de una a otra energía, sentimientos y pensamientos.
Como les pasa a todos los hermanos, nuestra relación es bastante compleja, se basa en un péndulo que ondula lentamente entre el amor y el odio o la necesidad y el rechazo según la situación lo requiera.
A ratos, Soledad es buena compañera de vida, pero como suele suceder, sus mejores virtudes son también sus peores defectos: cocina muy bien, pero rara vez le apetece preparar algo rico (la mayoría de las veces se deja carcomer por la pereza y acabamos comiendo calentao de sobras, una ensaladita improvisada o algún plato precocido); muchas veces practica Jazz en casa, y lo hace extraordinariamente bien, pero sus notas al piano tienen desafortunada virtud de sacar a flor de piel mis sentimiento más profundos, así que si algo en el fondo de mí me preocupa o entristece me pongo a llorar en un santiamén. Además es inteligentísima, y ha leído casi todo lo que hay por leer, por eso charlar con ella es una de mis cosas favoritas; pero esas charlas desencadenan, a veces, reflexiones profundas y dolorosas, y por eso la odio a ratos.
Cuando estamos con otras personas, su presencia resulta un poco turbadora; unas veces me distrae de la conversación que estoy manteniendo, otras e apoya y me ayuda a conectar con los demás, pero siempre está presente y my unida a mí.
Es extraño amar y odiar al mismo tiempo y tan intensamente a alguien. Ser consciente de cuánto necesitas a esa persona, pero a la vez rechazarla de plano. Pero el caso es que Soledad y yo estamos indefectiblemente unidas. Queramos o no vamos a tener que aceparnos mutuamente.
Por eso he elegido quererla todo lo posible.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

De Anónimo a Anónima, tengo la ligera impresión que tu mundo paralelo no es tan paralelo, y se acerca bastante al del resto de Anónimos,
por eso deberias seguir escribiendo.

Publicar un comentario